El llamado “Cuarto del Rey”, es una de las estancias más interesantes del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, el lugar donde vivió y murió Felipe II, y desde donde dirigía el mayor imperio que se había conocido trabajando hasta altas horas de la noche.

En estas habitaciones cargadas de historia hay algunos detalles interesantes que los turistas suelen perderse, pero eso no te va a pasar a ti, porque cuando termines este artículo, tendrás todas las claves para entender lo que ocurrió aquí. ¡Vamos allá!

¿Qué era entonces “un cuarto”?

Antes de nada tenemos que entender que, en el siglo XVI y con respecto a lo que dictaba la etiqueta borgoñona (que era el protocolo utilizado en la corte de España) un cuarto no era exactamente lo mismo que entendemos ahora: no se trataba de una única habitación, sino de un conjunto de ellas.

Concretamente y en el caso del Palacio de los Austrias del monasterio de El Escorial, los cuartos del rey y de la reina estaban compuestos de 3 habitaciones.

Si, has leído bien: “los cuartos del rey y de la reina”…y es que también por exigencias del protocolo borgoñón, el rey y la reina dormían en habitaciones separadas.

Es interesante pensar que los soberanos del mayor imperio del mundo durmieran separados, y aunque las habitaciones de ambos eran exactamente iguales en número y disposición, la relación de los reyes era tremendamente rígida.

En el caso que nos ocupa, el cuarto donde vivió y murió Felipe II es un cuadrado de 9m de lado dividido en 4 estancias diferentes: la alcoba, el estudio, el oratorio y un “cuarto de estar” que hace las funciones de distribuidor.

Cuarto del Rey
Plano del Cuarto de Felipe II

Quizá la que más llama la atención cuando hacemos las visitas guiadas al monasterio, sea el escritorio del rey, el lugar donde se quedaba trabajando hasta tarde a la luz de una de las mayores joyas de la orfebrería del momento: el reloj candil, un curioso artefacto que le servía para ver la hora y alumbrar sus papeles al mismo tiempo.

Una réplica del cuarto del rey del monasterio de Yuste

Ahí va un dato interesante: el cuarto del rey del monasterio de El Escorial es una copia.

¿Qué te parece?

Resulta que la distribución que encontramos en este lugar es exactamente la misma que la del cuarto de Carlos V en el monasterio de Yuste, el lugar en el que el padre de Felipe II murió.

Desde su cama, Carlos V podía ver directamente el presbiterio de la iglesia, y Felipe que no iba a ser menos, le dio otra vuelta de tuerca.

Justo detrás de la cama de Felipe II, hay una puerta que da acceso a su oratorio personal, situado exactamente debajo de su cenotafio en el presbiterio de la basílica, y directamente conectado con esta por otra puerta que podemos ver cuando nos situamos delante del retablo, a nuestra derecha.

¡Fíjate lo que se había hecho fabricar el rey prudente!: desde su cama podía ver, al sur, su jardín privado, al este, a través de la ventana y muy a lo lejos, la ciudad de Madrid donde había instalado la corte, y a poniente, el altar mayor de la basílica del monasterio.

Habitación de Carlos V en Yuste (al fondo, la puerta que da a la iglesia)
Acceso al Cuarto del Rey desde la Basílica de El Escorial

¿De qué murió Felipe II en el cuarto del rey?

Ya sabemos dónde murió Felipe II, en su cuarto del monasterio de El Escorial, ahora solo nos faltan el cómo y el cuándo.

Lo más fácil es el cuándo: el 13 de Septiembre de 1598, a las 3 de la mañana (una hora muy mala para morirse…y para casi cualquier cosa)

Ahora vamos al cómo.

Al igual que su padre Carlos V, Felipe II sufrió de gota durante gran parte de su vida, enfermedad que finalmente acabó con él a los 71 años, después de 53 días de espantosa agonía.

Pese a que sus médicos se lo prohibieron expresamente, él insistió en hacer un último viaje a El Escorial, una obra a la que había dedicado 21 años de su vida y todos sus desvelos, por lo que tuvo que utilizar una silla de manos que habían diseñado expresamente para él en los últimos años de vida.

Silla de manos de Felipe II

Hoy en día podemos ver una recreación de esa silla en la que paradójicamente conocemos como “sala de la silla”, muy cerca del cuarto del rey, en el palacio de los Austrias.

También muy cerca de aquí, en la torre de la botica, los monjes habían conseguido un remedio para los síntomas de la gota que por desgracia llegó un poco tarde para el rey: me refiero a la colchicina, un principio activo obtenido por la destilación del azafrán silvestre tan propio de estas tierras del Guadarrama, que incluso a día de hoy se sigue utilizando para tratar los síntomas de esta enfermedad.

Todo un triunfo de la farmacopea, que en este lugar tuvo una importancia fundamental en el siglo XVI.

Así, entre horribles dolores y alaridos que llenaban los corredores del monasterio, sin poder moverse y con una abertura que hubo que practicar en la cama para que hiciera sus necesidades, Felipe II murió acompañado de su hijo y sucesor, Felipe III, a quien cuentan que dijo:

-“Hijo mío, he querido que os halléis presente en esta hora para que veáis en qué paran las monarquías de este mundo”

Felipe II

Morir entre reliquias: el extraño deseo de Felipe II

Una de las cosas que más han trascendido del final de Felipe II es la extraña petición que hizo en el momento de su muerte.

Y es que el rey prudente pidió que le trajesen multitud de reliquias de santos, de entre las más de 7000 que llegaron a custodiarse en los relicarios de la basílica, a las que el rey tenía acceso privado desde sus propios aposentos.

Peor las reliquias no son lo único de lo que Felipe II se rodeó en sus últimas horas, una de las cosas que pidió que le trajeran en el último momento, fueron los cuadros.

De entre los muchos que había en el monasterio, y que aún se exhiben en las Salas Capitulares, el monarca pidió dos que curiosamente hoy en día podemos ver en el Museo Nacional del Prado: “La Tabla de los Pecados Capitales”, y el tríptico del “Jardín de las Delicias, ambos del Bosco”.

Parece ser que Felipe II encontraba cierto consuelo para su alma en la contemplación de estas grandes obras maestras de l pintura flamenca, precisamente por eso decidió pasar sus últimos momentos contemplándolas.

¿Qué te parece el cuarto del rey?, ¿hay algún detalle que se te haya quedado en el tintero?, ¡déjanos un comentario y sigamos explorando la historia juntos.

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