Frescos de la basílica de El Escorial

Frescos del Coro del monasterio de El Escorial

Cuando uno entra en la basílica de monasterio de El Escorial no sabe dónde mirar.

Entre su enorme tamaño, que alcanza los 92 m de altura en la parte superior de la cúpula, los más de 40 altares menores repartidos por todo el espacio, el impresionante retablo del altar mayor, y todos los tesoros custodiadas en sus capillas, es fácil perderse uno de los espectáculos más impresionantes del monasterio del Escorial: los frescos de las bóvedas de la basílica.

En inicio, solamente estaban pintadas las bóvedas del coro y el presbiterio (es decir, las de los extremos de la nave central, nada mas entrar y encima del retablo), por lo que para hacerte una idea de cómo era el aspecto del templo en el siglo XVI, tienes que imaginar que las demás estucadas de yeso blanco.

Los frescos de Luca Cambiaso

Estas dos primeras bóvedas, las pintó un autor italiano llamado Luca Cambiaso que desarrolló casi toda su obra en Génova, pero que luego se hizo un erasmus por España (aquí se le tenía cariño y la gente le llamaba “Luqueto“, en plan colega)

En el presbiterio pintó “la coronación de la virgen”, mientras que las pinturas de la bóveda del coro tienen un tema más impresionante: “la gloria”.

En la parte más alta de la bóveda de cañón, colocó un tema que lleva siglos confundiendo a los estudiosos: la Santísima Trinidad sobre un foco de luz, y a sus pies, ¡un cubo de piedra!… ¿Qué hace eso ahí?

El misterioso cubo de la bóveda del coro

Curiosamente, en lugar de pintar un orbe o “bola del mundo” (como habría sido lo habitual), Cambiaso decidió pintar un hexaedro perfecto.

No deja de ser llamativo teniendo en cuenta que unos años después, el propio Juan de Herrera publicaría su famoso tratado “Sobre la Figura Cúbica”.

Este detalle trae de cabeza a los investigadores desde hace años.

No cabe duda de que es un elemento extraño, o cuanto menos poco frecuente, y como te podrás imaginar, ante estas cosas las conspiraciones se disparan: masones, templarios, illuminati, extraterrestres… elije tu teoría de la conspiración favorita, seguro que encuentras a alguien que la defiende.

Por mi parte y a falta de seguir investigando mucho, solo te puedo decir que es algo curioso, y que probablemente las ideas de Ramón Llull (de quien Herrera era muy fan) tengan algo que ver.

Resumiendo mucho, este sabio mallorquín decía que el cubo tenía “el valor de encerrar en sí todos los aspectos de la realidad” (parece que el señor Llull había visto Los Vengadores y lo del “teseracto” le había volado la cabeza)

Hoy en día los agustinos que gestionan el complejo dicen que probablemente se trate simplemente de una representación de la firmeza, perfección, estabilidad, y solidez de la Iglesia, pero muchos autores han querido ver este detalle alguno de los misterios más insondables del monasterio de El Escorial.

El misterioso cubo de Luca Cambiaso en la bóveda del coro (detalle)

Luca Giordano revoluciona los frescos de la basílica de El Escorial

Y en estas estamos cuando pasan 100 años sin que nos demos cuenta y llega el super máquina que va a cambiarlo todo: Luca Giordano, el autor de otro de los grandes frescos del monasterio, el que podemos contemplar en la escalera del claustro bajo.

Autorretrato de Luca Giordano
Autorretrato de Luca Giordano

Este señor había nacido en Nápoles, así que también era italiano (bueno, en aquél momento era español, ya sabes el lío de reinos que había montado) pero como ha pasado un siglo desde que Cambiaso pintara las otras dos bóvedas, las modas han cambiado y lo renacentista ya no se lleva, ¡estamos en pleno barroco!

Además Luca Giordano no es cualquiera, es ni más ni menos que discípulo de José de Ribera (alias el Spagnoletto), uno de los mejores pintores del momento (tenemos un cuadro suyo en la Sala de la Trinidad, aquí, en El Escorial).

La diferencia de estilos de estos dos autores, el renacentista de Cambiaso y el barroco de Giordano, es más que evidente cuando comparamos las bóvedas de la basílica.

En las más tardías, Luca Giordano incorpora nuevos elementos técnicos como los escorzos, y un volumen y unos colores mucho más característicos de la pintura barroca.

En estas últimas bóvedas podemos encontrar temas tan dispares como “el juicio final”, “la anunciación”, “el nacimiento de Jesús”… aunque es especialmente llamativa quizá por ser uno de los episodios más conocidos del antiguo testamento a la que podemos encontrar en la nave izquierda, que representa el “paso del Mar Rojo”.

Así que ya lo sabes: cuando entres en la basílica, no te olvides de mirar hacia arriba y disfrutar con estas obras de arte que muchos pasan por alto.

Y si ya has estado allí ¿Cuál es tu detalle favorito de los frescos de la basílica?, ¿alguna bóveda en particular?, déjame tus comentarios y así seguimos aprendiendo todos, y ¡recuerda!, si este trabajo te ha gustado, ¡reconócelo compartiéndolo con todo el mundo 😉 !

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