¡¿Cómo?!, ¿un tranvía dentro del monasterio de San Lorenzo de el Escorial?… ¡¿qué me estás contando?!

Pues si, dentro del monasterio, concretamente en la zona que conocemos como el “Palacio de los Borbones” y que generalmente se ve ya hacia el final de la visita, tenemos una referencia a este antiguo medio de transporte, ¡descubramos su historia!

El tranvía del rey… o la “pieza de ujieres”

Vale, quizá no es exactamente un tranvía, pero desde luego lleva ése nombre.

Se trata de la “Pieza de Antecámara de Ujieres” , la habitación del palacio de Carlos IV donde los ujieres (o porteros de palacio) aguardaban con su manojo de llaves para ir abriendo las puertas, facilitando el acceso a sus majestades y al resto de la corte.

Lo gracioso del asunto, es que esta pequeña habitación que hoy en día vemos cubierta de tapices, apenas ha cambiado desde el siglo XVIII, y a poco que te fijes te darás cuenta de que tiene una característica forma rectangular, ya que es alargada y muy estrechita.

Como en 1876 había llegado por fin el tranvía a España, la gente vio inmediatamente el parecido de esta habitación con un vagón de tranvía, y como la socarronería patria no entiende de clases sociales ni de nobleza ni realezas, lo que parece ser que empezó como una broma, se quedó para siempre.

Así es como la ya mencionada Pieza de Antecámara de Ujieres, pasó a ser no sin cierto cachondeito “el tranvía del rey”.

Tranvía del Rey
Vista del “Tranvía del Rey”

Los tapices del tranvía

Lo que más llama la atención de esta pequeña estancia, tanto en el siglo XVIII como hoy en día, son los tapices que cuelgan de sus paredes.

Todos representan escenas de caza, muy del gusto de los primeros soberanos de la casa de Borbón que moraron aquí (recordemos que El Escorial era la residencia de otoño dentro de las jornadas reales, y era uno de los cazaderos más apreciados por Carlos III y su hijo Carlos IV, apodado “el cazador”)

Estos tapices en concreto son de época de Carlos III, y fueron creados en especial para la residencia real del monasterio, a partir de cartones pintados por el maestro Francisco de Goya, en la Real Fábrica de Tapices, fundada en 1721 tras la pérdida de los territorios flamencos.

“Perros en Traílla”, uno de los tapices basados en cartones de Francisco de Goya

El tranvía en El Escorial

Pero ya que hablamos de tranvías, resulta que este no es el único tranvía que ha pasado por nuestro querido pueblo, pues el 30 de Abril de 1923, ocurrió aquí algo que al final quedó en nada, pero que podía haber sido muy gordo: se constituyó la Sociedad de Abantos.

¿Que qué era eso?, pues ni más ni menos que una sociedad creada fundamentalmente con capital inglés, y una idea magnífica (léase entre líneas la ironía): la creación de un ambicioso proyecto que incluía un teatro con capacidad para 1000 personas, un campo de tiro al pichón (no preguntes, barbaridades de tiempos pasados) un flamante hotel con 150 habitaciones de flipar, un local dedicado a la exposición y venta de automóviles… y el plato fuerte: un estupendo casino de gran lujo ¡con restaurante incluido en la cumbre del monte Abantos! (a 1753 metros, eso si que es alta cocina, ¡chúpate esa Master Chef!)

Todo esto, por supuesto, comunicado con la estación de tren de El Escorial, gracias a un moderno (para la época) trazado de tranvía cuya terminal habría estado en el entorno de la fuente de la teja, donde conectaría con un funicular (similar al que a día de hoy aún existe en el vecino Valle de Cuelgamuros, el único funicular presente, que yo sepa, en el centro de la península).

Como verás, la inspiración del proyecto tenía un claro paralelismo con los tranvías del Tibidabo de Barcelona.

¿Y qué pasó con semejante obrón?… pues que no se hizo, ya que finalmente la sociedad Abantos quebró y el proyecto fue finalmente paralizado justo antes de empezar la guerra civil.

Tranvía Escorial
Vías del Tranvía aún visibles en la calle Leandro Rubio

Y eso que la cosa estaba muy avanzada: el propio rey Alfonso XIII puso la primera piedra del proyecto, y la empresa zaragozana  “Carde y Escoriaza”, llegó a fabricar los 3 vagones que debían dar servicio a la línea (y que finalmente terminaron dando vueltas por la ciudad maña) y se tendieron unos cientos de metros de railes que hadía de hoy aún puedes ver si te das una vuelta por la calle Leandro Rubio.

¿Qué te ha parecido?, ¡resulta que hay “un tranvía” 😂 dentro del monasterio!, aunque no ha sido el único que ha pasado por aquí.

Recuerda que si tienes cualquier comentario puedes dejarlo aquí debajo porque los leo y los respondo todos, y si te gusta mi trabajo, ¡no seas sosainas y compártelo con todo el mundo en las redes!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir arriba