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Turhistórico

El balcón de Marizápalos

Los amores clandestinos de Felipe IV y la Calderona

El balcón de Marizápalos es una de esas cosas curiosas de Madrid que quizá hayas pasado por alto.

Algunas de estas curiosidades son muy conocidas: la Casa de la Panadería (donde puedes encontrar la oficina de turismo), la estatua de Felipe III, los bocadillos de calamares…

Otras están un poco más escondidas: el “Cementerio de Gorriones”, los relieves de los respaldos de los bancos con la historia de la plaza, el barómetro del siglo XIX…

Y luego hay secretos más interesantes y escondidos, de esos que muchas veces pasas por alto si no te los cuenta alguien, como el que nos ocupa esta vez.

Si has estado en la Plaza Mayor, has pasado por delante de ese balcón, solo que aún no lo sabes (salvo que hayas venido a una de las rutas de Turhistórico).

Un lugar que guarda una historia de amor, celos y pasiones digna de una película (seguro que ya hay alguna por ahí, si te la sabes, déjamela en los comentarios)

Antes de nada, situemos a los protagonistas:

María Calderón, la «dueña» del bacón de Marizápalos

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María Calderón, alias «La Calderona»

A caballo entre la historia y la leyenda, encontramos la figura de María Calderón, conocida popularmente como “La Calderona” o “Marizápalos” (de ahí lo del “Balcón de Marizápalos”).

Son pocas las certezas que tenemos sobre su vida, y gran parte de la misma está basada más en suposiciones que en datos históricos, pero sabemos que fue una de las grandes artistas del siglo XVII, destacando especialmente como actriz, aunque tambien cantaba y bailaba.

Fue abandonada siendo un bebé en la puerta de Juan Calderón, un conocido empresario del momento vinculado al mundillo del teatro.

No es de extrañar que la joven María, criada entre las tablas y las bambalinas, terminase haciendo carrera en los escenarios.

Por cierto, si te lo estás preguntando, no, no tiene nada que ver con Calderón de la Barca.

Felipe IV

Felipe-IV
Felipe IV, el «Rey Planeta»

Hijo y sucesor de Felipe III, estamos ante el segundo de los llamados “Austrias Menores” en pleno Siglo de Oro, una época tan prolífica en lo artístico y literario, como decadente en lo político y lo territorial.

Delegó todas sus funciones de gobierno en su valido, Gaspar de Guzmán y Pimentel (más conocido como el conde duque de Olivares), y se dedicó a cultivar sus grandes pasiones: la caza, el teatro, y las conquistas amorosas.

Tanto es así que se le conocen 15 hijos legítimos de dos matrimonios diferentes, y 30 bastardos, de los cuales sólo reconoció a dos, siendo uno de ellos Juan José de Austria, hijo precisamente de la Calderona (ya ves por dónde van los tiros).

El encuentro

En 1627, María debutó en el escenario del Corral de la Cruz, y quiso el azar que aquel día entre el público se encontrase ni más ni menos que Felipe IV, rey de las Españas.

Al parecer, el rey quedó prendado de su belleza desde el primer momento, e inmediatamente inició las maniobras para deshacerse del marido de la Calderona, y del que por aquel entonces era su amante, el Duque de Medina de las Torres.

Una vez estuvo libre el camino, el rey y la actriz iniciaron una relación que rápidamente fue la comidilla de toda la corte, y que como ya hemos comentado culminaría con el nacimiento del Bastardo don Juan José de Austria, que llegaría a ser virrey de Flandes.

El balcón de Marizápalos: la historia

Y llegamos por fin al asunto del balcón.

Si entras a la plaza mayor por la calle Gerona desde la Plaza de la Provincia, dejando a la izquierda la Cárcel de Corte y la Fuente de Orfeo, y te pones delante de la Casa de la Carnicería, veras que a su izquierda hay un arco que se abre en los soportales con una pared pintada de amarillo al fondo.

Justo encima, en un discreto lugar dentro del arco, hay un balcón.

Pues bien, parece ser que la relación del monarca con la Calderona llegó a tal punto, que en determinada ocasión el rey cedió un palco de honor a la actriz para disfrutar de uno de los espectáculos que se realizaban en la plaza.

Evidentemente, esto provocó la cólera de la reina (Isabel de Borbón), que ordenó que echaran inmediatamente a aquella mujer de allí, pues no podía consentir tal ofensa.

Es precisamente desde ese momento, que el rey reserva ese discreto balcón debajo del arco para uso exclusivo de María, contentando así a la amante, y evitando las iras de la reina.

Y así es como llegado hasta nuestros días el curioso nombre del balcón.

¿Dónde está el balcón de Marizápalos?

Encontrarlo es muy sencillo si sabes dónde busacar, solo tienes que colocarte delante de la Casa de la Carnicería, dando la espalda a la estatua de Felipe III, y fijarte bien en un arco que hay a la izquierda con la pared pintada de amarillo. Justo desntro del arco, encontrarás el balcón de la Calderona.

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Actores y actrices en el siglo de oro

Teatro en el Siglo de Oro
Corrales de comedias en el siglo de Oro

Un aspecto muy interesante de toda esta historia y que me gusta destacar en las visitas guiadas, es la doble moral que existía en el Siglo de Oro con respecto a la gente del teatro, y más concretamente en lo tocante a las actrices.

Es verdad que en general se trataba de personajes aclamados por el público, pero mientras que en el corral de comedias se las aplaudía, en general la profesión era vista como algo deshonroso, y las “comediantes” eran vistas por ciertas capas de la sociedad poco menos que como prostitutas.

La misma nobleza que criticaba a la gente de la farándula en las fiestas de la corte, era después la primera en contratar representaciones privadas en sus casas y palacios.

Aunque en España las mujeres del teatro gozaban de cierta libertad, sobre todo en comparación con los países de su entorno en los siglos XVI y XVII (sabían leer y escribir, podían ser empresarias y llevar sus propias compañías de teatro…) fueron en general despreciadas por la misma sociedad que sin embargo las admiraba en secreto.

Como ves, Madrid está lleno de secretos y de detalles que seguramente has visto miles de veces, pero en los cuales no habías reparado.

El balcón de Marizápalos, es solo uno de muchos de estos detalles que podemos ver, por ejemplo, en nuestra ruta de los Austrias.

¿Seguro que conoces la ciudad?